Todos tenemos uno en casa. Y la mayoría llevamos tanto tiempo conviviendo con él que ya ni nos paramos a pensar en lo que es. Calentar las sobras de ayer, descongelar algo que se te olvidó sacar del congelador a tiempo, las palomitas del domingo por la noche… el microondas lleva décadas siendo un mueble más de la cocina. Uno de esos inventos que, cuando no está, lo notas una barbaridad.
Pero lo curioso es cómo llegó hasta aquí. Porque no fue fruto de años de investigación planificada ni de un gran proyecto científico. Fue, literalmente, un chocolate derretido en un bolsillo.
Una chocolatina, un magnetrón y mucha curiosidad
La historia empieza en 1945 con un tipo llamado Percy Spencer. Ingeniero, trabajaba para la empresa Raytheon y su día a día consistía en investigar mejoras para el radar. Nada de cocinas, nada de electrodomésticos. Radares.
El radar funcionaba gracias a unos dispositivos llamados magnetrones, que básicamente convertían energía eléctrica en microondas electromagnéticas para medir distancias, altitudes y velocidades. Tecnología de guerra, en esencia. Spencer llevaba años rodeado de estos trastos.
Y entonces un día, a la hora del almuerzo, ocurrió algo que no tenía ningún sentido: llevaba una barra de chocolate en el bolsillo y, al acercarse al magnetrón, se la encontró completamente derretida. No hacía calor. El magnetrón estaba ahí, zumbando. Y el chocolate, líquido.
Otro en su lugar seguramente habría cogido otro trozo y se habría olvidado del asunto. Spencer no. Spencer se puso a investigar.
El huevo que no debería haber explotado
Spencer empezó a probar qué pasaba si acercaba distintos alimentos al magnetrón. Los resultados fueron bastante espectaculares:
- Puso semillas de maíz cerca del tubo: el maíz se coció, se hinchó y se convirtió en palomitas. Así de sencillo. Acababan de nacer las primeras palomitas de microondas de la historia, aunque todavía nadie lo sabía.
- Luego probó con un huevo. Mala idea. La temperatura subió tan rápido dentro del huevo que la presión se disparó y el huevo explotó. Suponemos que la limpieza fue memorable.
Pero más allá del espectáculo, Spencer había dado con algo muy importante: las microondas electromagnéticas calientan los alimentos desde dentro. No como un horno de toda la vida, que empieza por fuera y va penetrando hacia el interior, sino directamente, agitando las moléculas de agua que contiene el alimento. Por eso calienta tan rápido. Y por eso a veces el interior está hirviendo y el borde sigue frío, pero eso es otro tema.
Del accidente al producto
Con lo que había descubierto, Spencer diseñó una caja metálica con una abertura por la que entraba la radiación del magnetrón. La gracia estaba en las paredes: al ser metálicas, confinaban las microondas dentro, concentrando toda la energía en el interior. Metías comida, activabas el aparato y la temperatura subía a toda velocidad.
El primer prototipo llegó en los meses siguientes, y en 1947 el primer microondas salió al mercado. Aunque llamarlo "microondas de cocina" sería generoso. Aquel primer modelo era más bien un armario:
- 📏 Casi 1,8 metros de altura
- ⚖️ Unos 340 kg de peso
- 💧 Necesitaba refrigeración por agua para funcionar
- 💰 Costaba alrededor de 5.000 dólares de la época — algo así como más de 60.000 euros de hoy
Vamos, que en la cocina de casa no entraba ni en sueños. Era para restaurantes, hoteles, empresas de catering. Los que tenían espacio, presupuesto y, supongo, un fontanero de confianza.


Primeros microondas / Primer microondas Radarange
Hasta que llegó a la cocina de todos
Con el tiempo, como pasa siempre con la tecnología, los aparatos fueron encogiéndose y los precios bajando. En los años 60 empezaron a aparecer modelos algo más manejables pensados para negocios, y en los años 70 los microondas empezaron a asomar por los hogares. Ya en los 80, con la producción en masa, se convirtieron en un electrodoméstico normal y corriente.
Lo fascinante de todo esto es que el principio de funcionamiento no ha cambiado nada. El microondas que tienes ahora mismo en tu cocina funciona exactamente igual que el armatoste de 340 kilos que Percy Spencer presentó en 1947. Solo que cabe en una encimera y lo compras por menos de cien euros.
RESUMIENDO:
El microondas nació en 1945 gracias a la curiosidad de Percy Spencer, un ingeniero de Raytheon que en lugar de enfadarse porque su chocolatina se había derretido, decidió investigar por qué. De ese momento salió uno de los electrodomésticos más usados del mundo. Una historia que demuestra, una vez más, que muchos de los mejores inventos no se planean: simplemente, ocurren.
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