Obsolescencia programada: por qué tus cosas se rompen justo cuando no toca
¿De verdad fabrican las cosas para que se rompan? El cártel de las bombillas, las multas a Apple y cómo saber si te la están colando. Explicado fácil.
Seguro que te ha pasado. La lavadora aguanta ocho años sin una queja y de pronto, dos meses después de que se acabe la garantía, empieza a hacer un ruido raro. O el móvil, que iba estupendamente, se vuelve lento justo cuando sale el modelo nuevo. Y siempre acabamos diciendo la misma frase: "esto lo hacen a propósito".
Pues bien: a veces sí. Y no es una teoría de bar, está documentado, hay sentencias judiciales y hasta un cártel internacional de por medio. A eso se le llama obsolescencia programada, y hoy te lo cuento en cristiano, sin tecnicismos, para que puedas explicárselo tú luego a quien quieras.
💡 Qué es exactamente
La obsolescencia programada es diseñar un producto para que dure menos de lo que técnicamente podría durar. No es que se rompa porque se ha usado mucho. Es que alguien, en una mesa de reuniones, decidió cuánto iba a durar.
¿Por qué haría alguien eso? Por una razón muy sencilla: si tu producto es eterno, lo vendes una vez. Si dura tres años, lo vendes muchas veces. La cuenta la puede hacer cualquiera.
Y aquí viene lo interesante: esto no es cosa de los móviles ni de la era digital. Empezó con algo tan tonto como una bombilla.
🔦 El cártel que decidió cuánto debían durar las bombillas
En los años veinte, las bombillas duraban demasiado. Sí, has leído bien: demasiado. Entre 1.500 y 2.000 horas, y algunos fabricantes presumían de llegar mucho más lejos. Un problema serio… si tu negocio es vender bombillas.
Así que el 23 de diciembre de 1924, los grandes fabricantes del mundo —Osram, Philips, General Electric y compañía— se sentaron a la misma mesa y crearon el cártel Phoebus. Se repartieron el mercado mundial por zonas, se pusieron cuotas de producción y, sobre todo, tomaron una decisión que ha pasado a la historia: a partir de 1925 una bombilla debía durar 1.000 horas. Ni una más.
Y no era una recomendación. Los fabricantes que se pasaban de la raya y hacían bombillas más duraderas pagaban multas. Es probablemente el ejemplo más descarado de obsolescencia programada que existe: un grupo de empresas pagando por empeorar su propio producto.
El cártel se deshizo con la Segunda Guerra Mundial y en 1953, tras años de litigio, un tribunal les prohibió expresamente limitar la vida útil de las bombillas. Pero el daño ya estaba hecho: la idea había nacido y funcionaba demasiado bien como para olvidarla.
Por cierto, si quieres una prueba física de que las bombillas podían durar más: en un parque de bomberos de Livermore (California) hay una bombilla encendida, con pausas mínimas, desde 1901. Lleva más de 120 años ahí colgada. Tiene hasta webcam.
📱 De la bombilla al móvil
El truco ha ido evolucionando. Hoy tiene varias caras, y conviene saber distinguirlas:
- La obsolescencia física. La pieza que se rompe y no se puede cambiar. Baterías pegadas con adhesivo, carcasas cerradas con tornillos raros, cabezales de impresora que "caducan" por un contador interno. El aparato funciona, pero está diseñado para que no puedas abrirlo.
- La obsolescencia por software. El aparato está perfecto, pero deja de recibir actualizaciones, la app ya no es compatible o el sistema operativo nuevo lo pone de rodillas. Aquí no se rompe nada: simplemente lo dejan atrás.
- La obsolescencia psicológica. La más silenciosa y la más eficaz. Tu móvil va bien, pero el nuevo tiene otro color y una cámara mejor y de repente el tuyo te parece viejo. Nadie ha roto nada. Te han cambiado a ti.
El caso más sonado de todos fue el famoso "Batterygate" de Apple, en 2017: la compañía reconoció que había metido en iOS un código que ralentizaba los iPhone con la batería desgastada. Su explicación fue que lo hacían para evitar apagones repentinos, y técnicamente tiene sentido. El problema fue no contárselo a nadie. Resultado: cientos de millones de dólares en multas y acuerdos, incluida una sanción en Francia por prácticas comerciales engañosas.
⚖️ La buena noticia: esto está empezando a cambiar
Y aquí llega la parte optimista, porque la hay.
Francia fue pionera: desde 2015 la obsolescencia programada es delito, con penas que llegan a los dos años de cárcel y multas que pueden escalar hasta un porcentaje de la facturación de la empresa. Además, los franceses obligan a poner en los productos un índice de reparabilidad, esa nota del 1 al 10 que ves ya en muchas tiendas.
En la Unión Europea llevamos unos años de avances serios:
- 🔧 Derecho a reparar: los fabricantes están obligados a facilitar la reparación de sus productos —piezas, herramientas e información— durante años después de la compra, y no solo dentro de la garantía.
- 🔋 Baterías extraíbles: la nueva normativa europea de baterías exige que, a partir de 2027, las baterías de los móviles vuelvan a poder cambiarse sin pasar por el servicio técnico. Como en los viejos tiempos.
- 🔌 Cargador único USB-C, que no es obsolescencia programada como tal, pero va en la misma dirección: menos basura, menos cambiar por cambiar.
No es la solución definitiva, pero es la primera vez que la ley se pone del lado del que compra.
🛠️ Qué puedes hacer tú
Sin volverte loco ni renunciar a la tecnología, tres cosas que sí están en tu mano:
- Mira el índice de reparabilidad antes de comprar. Está ahí, aunque cueste verlo. Un 8 y un 4 no son lo mismo dentro de tres años.
- Antes de tirar, pregunta. Muchas averías son una pieza de quince euros. Un móvil lento a menudo solo necesita una batería nueva, no un móvil nuevo.
- Alarga la vida del que tienes. Una batería que no vive siempre al 100% ni al 0%, un aparato limpio de polvo y una funda decente hacen más de lo que parece.
RESUMIENDO:
La obsolescencia programada no es una leyenda urbana: nació oficialmente en 1924 con el cártel Phoebus, que decidió que las bombillas durasen 1.000 horas y multaba a quien las hiciera mejores. Un siglo después seguimos con lo mismo, solo que ahora se llama batería pegada, actualización que ralentiza o móvil nuevo cada dos años.
La diferencia es que hoy hay leyes empezando a poner freno, y algo más importante todavía: hay gente que se ha dado cuenta. Y un consumidor que sabe lo que le están haciendo ya es la mitad del problema resuelto.
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📚 De dónde salen los datos
Esto no es una teoría de la conspiración: hay normativa europea al respecto.
- El reglamento europeo de diseño ecológico, que obliga a que los productos duren y se puedan reparar — commission.europa.eu
- El derecho a reparar, en qué consiste y qué ha cambiado — es.wikipedia.org
- Historia del concepto de obsolescencia programada, desde el cártel Phoebus — es.wikipedia.org