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Historia de la tecnología

La radioafición: hablar con el mundo antes de internet

Mi padre es EA5SU y en casa el mundo cabía en un armario del comedor. Qué era la radioafición, por qué aguantó el día del apagón y qué queda hoy de ella.

La radioafición: hablar con el mundo antes de internet

En mi casa, el mundo entero cabía en un armario del comedor.

Ahí dentro estaban las dos emisoras Sommerkamp de mi padre. Se abrían las puertas del mueble y aparecía aquello: los diales, las agujas, las luces. Y arriba, en la azotea, sobre un poste de diez metros, la antena. Que giraba, además: tenía un rotor, y mi padre la orientaba desde el comedor con un aparatito, sin moverse de la silla. Apuntar una antena desde el salón de tu casa para que te oigan a miles de kilómetros. De crío me parecía magia y, mira, con los años no he cambiado tanto de opinión.

Mi padre es EA5SU. Mi abuelo, EA8HU. Mi tío, EA8EX — ese indicativo lo tiene ahora mi primo, así que sigue sonando.

Y fíjate que en esas letras está contada la historia de mi familia sin que nadie la escribiera: EA8 es Canarias y EA5 es Valencia. Ellos eran de Tenerife. Mi padre se vino a Valencia a estudiar, y aquí se quedó. Cambió el 8 por el 5.

Yo me plantaba a su lado a que me dejara hablar por el «comito», que es como yo llamaba con 2-3 años al micrófono. Y de aquel armario me llevé algo más que recuerdos: mi padre, cuando andaba soldando, se acercaba el soldador a la cara para comprobar si ya estaba caliente —a un par de dedos, sin tocarlo—. A mí me parecía lo más normal del mundo, así que un día lo cogí e hice exactamente lo mismo. Solo que yo me lo pegué a la cara del todo. El alarido no necesitó antena para oírse en todo el edificio. 😅

Te cuento todo esto porque llevo la radio en la familia desde antes de saber hablar, y porque las comunicaciones han cambiado tanto que casi nadie sabe ya qué era aquello. Así que hoy toca contarlo.


📻 Un radioaficionado no es alguien que escucha la radio

Empecemos por lo básico, porque casi todo el mundo lo confunde. Escuchar la radio es una cosa. Ser radioaficionado es otra: es emitir. Es coger un micrófono en tu casa y hablar con alguien que no conoces de nada, en un sitio donde nunca has estado, sin que haya una compañía en medio.

Y no es libre: hace falta un examen y una licencia. Cuando la sacas te dan un indicativo, que es tu nombre en el aire y no lo tiene nadie más en el mundo. Los españoles empiezan por EA. Y cuando alguien lanza eso de «CQ, CQ», lo que está diciendo es «llamada general, ¿hay alguien ahí?».

Aquí está lo que lo hace especial, y conviene entenderlo bien: en esa conversación no hay nadie más. Ni operadora, ni antena de telefonía, ni router, ni servidor, ni cuenta, ni contraseña, ni factura. Hay dos personas, dos aparatos y la atmósfera rebotando la señal. Nada más.


🇪🇸 Un siglo de ondas en España

La cosa viene de lejos. En 1917 ya existía el Radio Club Marconi de Almería, la primera asociación de radioaficionados documentada del país. En 1925 un puñado de españoles andaba metido en la fundación de la IARU, la organización internacional que se creó en París.

Y luego llegó lo que llegó. La Guerra Civil y después la Mundial cortaron aquello en seco. Pero solo sobre el papel: la propia URE lo cuenta con una frase que a mí me parece de las mejores que he leído sobre esta afición — «son muchos los operadores que siguen utilizando sus emisoras en la clandestinidad».

Gente hablando por radio a escondidas, jugándose lo que se jugaba entonces, porque no podían dejar de hacerlo.

Hasta el 1 de abril de 1949 no se regularizó la situación y se refundó oficialmente la Unión de Radioaficionados Españoles. Y entonces sí, con permiso, volvieron a encenderse los equipos.


📮 La QSL: el «recibido» en papel

Cuando dos radioaficionados terminaban un contacto, se mandaban una tarjeta QSL: una postal con el indicativo, la fecha, la frecuencia y poco más, que servía de certificado de que aquella conversación existió de verdad.

Iban por correo ordinario. Podían tardar meses en llegar desde el otro lado del mundo. Y se clavaban en la pared del cuarto de la radio, una al lado de otra, hasta cubrirla entera.

Piénsalo un momento: esa pared era el mapa de todos los sitios donde alguien te había oído.

Mi padre guarda cientos de ellas en casa. Cientos. Cada una es una conversación que ocurrió de verdad, con una persona de carne y hueso, en un sitio concreto del planeta, un día concreto. Hoy existen las QSL digitales, que son cómodas y llegan al instante, y no es lo mismo. Nunca lo será.


🆘 «Cuando todo falla, radioafición»

Ese es el lema, y no es una frase bonita para camisetas.

El 28 de abril de 2025, a las 12:33, España se quedó a oscuras. Sin luz, sin cobertura, sin datos, sin televisión. Ese día se activó la REMER, la Red Radio de Emergencia de Protección Civil: más de 3.100 voluntarios con sus equipos y sus antenas, sosteniendo comunicaciones donde ya no quedaba ninguna. En Vigo hubo radioaficionados auxiliando directamente a la Guardia Civil. En septiembre el Gobierno les dio un homenaje con una frase que lo resume: «cuando REMER funciona, la sociedad resiste».

¿Por qué la radio aguantó cuando todo lo demás se cayó? Porque no depende de nada. No necesita electricidad de la red —le vale una batería—, ni antenas de telefonía móvil, ni internet, ni que la empresa de turno tenga los servidores en pie. Es justo lo contrario de todo lo que usamos hoy: nada en medio que se pueda romper.


📉 Y aun así, cada vez son menos

Los números cuentan una historia bastante triste. En el año 2000 había en España 58.435 licencias de radioaficionado. En 2009 quedaban 32.348. Y en marzo de 2017, 30.726. (Parte de esa bajada fue de papeleo, al depurarse indicativos secundarios en las renovaciones, pero la tendencia de fondo es real.)

No hace falta buscar mucho el culpable: lo llevas en el bolsillo. Lo que antes te costaba un examen, una antena en el tejado, una inversión seria y meses de espera para saber si te habían oído en Australia… ahora es gratis, instantáneo y lo hace un icono verde.


🛰️ Lo que sigue vivo (y es más de lo que parece)

Que conste que la radioafición no se ha muerto. Ha cambiado.

  • 💻 FT8, un modo digital de 2017, permite contactos a miles de kilómetros con una potencia ridícula: el ordenador descifra señales que el oído ni distingue del ruido.
  • 📡 Los receptores SDR convierten por muy poco dinero cualquier ordenador en una estación de escucha: aviación, satélites, meteorología.
  • 🚀 Y la que más me gusta: se puede hablar con la Estación Espacial Internacional. Hay astronautas con licencia, y colegios enteros que han contactado con la ISS mientras les pasaba por encima.

O sea que el chaval que hoy monta una antena en el balcón no está haciendo arqueología. Está haciendo lo mismo de hace ochenta años, con otras herramientas.


RESUMIENDO:

La radioafición nunca fue la forma más cómoda de comunicarse, y hoy menos que nunca. Fue otra cosa: la primera vez que una persona normal, desde su casa, pudo hablar con un desconocido al otro lado del planeta sin pedirle permiso a nadie. Costaba dinero, estudio y paciencia, y por eso cada contacto valía algo.

Ahora hablamos con quien queramos gratis y al instante, y lo damos por hecho hasta el día que se va la luz y descubrimos quién sigue en pie. Los mismos de siempre, con una batería y un cable.

Yo ya no sabría manejar aquellas Sommerkamp del armario del comedor. Pero cada vez que mando un audio sin pensarlo y llega al instante, me acuerdo de la antena de la azotea girando despacio para encontrar a alguien.

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📚 De dónde salen los datos

Los recuerdos de familia son míos, pero las fechas, las cifras y las citas no me las invento. De aquí salen:

  • «Cuando todo falla, radioafición»: la pasión por las ondas cumple 100 años en España (Radio Club Marconi de Almería, indicativos EA, las QSL y las 30.726 licencias de marzo de 2017) — eldiario.es — eldiario.es
  • Historia de la URE: la IARU de 1925, la actividad clandestina durante la guerra y la refundación del 1 de abril de 1949 — Unión de Radioaficionados Españoles — ure.es
  • Estadística de licencias de radioaficionado en España (58.435 en 2000, 32.348 en 2009) — Unión de Radioaficionados Españoles — ure.es
  • La red de radioaficionados, el sistema que funciona cuando todo falla: la REMER durante el apagón del 28 de abril de 2025 — El Español — elespanol.com
  • Diplomas REMER: el Gobierno reconoce a los más de 3.100 voluntarios por su labor durante el apagón — Delegación del Gobierno en Madrid — mpt.gob.es